Poemas en prosa
Poemas en prosa ¡Qué mimos recibÃ! Buen fuego, vino caliente, cigarros; y al ofrecerme aquellas cosas tan buenas, mientras ella encendÃa también un cigarro, la chistosa criatura me decÃa:
—Figúrese usted que está en su casa, amigo mÃo; póngase cómodo. Asà recordará el hospital y los buenos tiempos de la juventud. ¡Anda! ¿De dónde ha sacado estas canas? No estaba usted asÃ, no hará mucho todavÃa, cuando era interno de L… Recuerdo que en las operaciones graves usted me asistÃa. ¡Aquél era un hombre amigo de cortar, de sajar y raspar! Usted le iba dando los instrumentos, las hilas y las esponjas. Y con qué orgullo decÃa, una vez hecha la operación, mirando el reloj de bolsillo: «¡Cinco minutos, señores!». ¡Oh! Yo voy por todas partes. Ya conozco yo a todos esos caballeros.
Algunos instantes después, tuteándome, volvÃa a su estribillo y me decÃa:
—Eres médico. ¿Verdad, gatito mÃo?
Aquella muletilla ininteligible me hizo ponerme en pie de un brinco.
—¡No! —grité furioso.
—Pues serás cirujano…
—¡No, no! Como no sea para cortarte la cabeza…
—Espera —continuó—. Vas a ver.