Poemas en prosa
Poemas en prosa Y de un armario sacó un legajo de papeles, que no era sino una colección de retratos de los médicos ilustres de entonces, litografiados por Maurin, que muchos años he visto expuesta en el Quai Voltaire.
—Mira. ¿Reconoces a éste?
—SÃ; es X. Además, tiene el nombre debajo; pero lo conozco personalmente.
—¡Ya decÃa yo! Mira. Aquà está Z, el que decÃa en clase, hablando de X: «Ese monstruo, que lleva en la cara lo negro de su alma». ¡Y todo porque no era de su opinión en cierto asunto! ¡Qué risa levantaba todo esto en la escuela por aquel entonces! ¿Te acuerdas? Mira: éste es K, el que denunciaba al Gobierno a los insurrectos que curaba en el hospital. Eran tiempos de motines. ¿Cómo podrá tener tan poco corazón un hombre tan guapo? Aquà tienes ahora a W, un médico inglés famoso; lo pesqué cuando vino a ParÃs. Parece una señorita, ¿verdad?
Y, como yo tocase un paquete atado con un bramante que habÃa sobre el velador:
—Espera un poco —dijo—, éstos son los internos, y los del paquete, los externos.
Desplegó en forma de abanico un montón de fotografÃas que representaban caras más jóvenes.
—Cuando nos volvamos a ver, me darás tu retrato, ¿verdad, querido?