Rimas y leyendas
Rimas y leyendas En otros campos de las artes el romanticismo inicial hunde sus raíces en el neoclasicismo anterior, como sucede con el pintor David en Francia, autor neoclásico ligado por su ideología a la revolución y luego artista oficial del Imperio con Napoleón. De David precisamente procede Girodet (1767-1824), quien ya se inspira en temas legendarios como la saga de Ossian; Gérard (1770-1837) y Gros (1771-1835), autor del famoso retrato de Bonaparte en el puente de Arcole; pero los más importantes de este período son sin duda Proudhon (1758-1823), autor de una alegoría sobre el crimen, de espíritu ya plenamente romántico, Géricault (1791-1824), autor de obras sobre las hazañas napoleónicas y de una obra típica de la época, La balsa de la Medusa, de exaltación romántica, como lo serán las pinturas del más grande de todos, Eugène Delacroix (1793-1863), quien se inspira en Shakespeare (Hamlet y Horacio en el cementerio), o en Byron (El naufragio de don Juan), pero sobre todo es conocido por La libertad guiando al pueblo, de 1830. En Inglaterra es muy importante William Blake (1757-1827) como pintor visionario y poeta, autor de ilustraciones sobre la Biblia y la Divina comedia, así como los grandes descubridores del paisaje como John Constable (1776-1837) y, sobre todo, William Turner (1775-1851). En España los pintores románticos también parten de las enseñanzas neoclásicas. Dejando al margen al preclaro Francisco de Goya (1746-1828), pintor dieciochesco, pero que se asoma a la época moderna con una audacia que le hace precursor del impresionismo y expresionismo, hay que destacar a Esquivel (1806-1857), importante retratista, cuya Reunión de literatos (o Zorrilla en el estudio del pintor) es importante también como documento de época, y a Pérez Villaamil (1807-1854), de un gran talento evocador de paisajes orientales y edificios medievales, todo impregnado de subjetividad. Finalmente, Valeriano Bécquer (1834-1870), hermano del poeta, destaca por la pintura de costumbres y tipos populares. Pertenecían ambos a una familia de pintores, entre los que destacan el padre, José Domínguez Bécquer, pintor de carácter costumbrista también, y Joaquín, tío de los hermanos, también pintor de costumbres. Valeriano fue seguramente el más importante de ellos, dedicándose también a la ilustración de revistas y libros (entre ellos destaca Los trabajadores del mar, de Victor Hugo), y al retrato, realizando, entre otros, varios de su hermano Gustavo Adolfo.