Toledo
Toledo Claudio Lorena en algunos de sus maravillosos países, ha logrado sorprender su secreto á la naturaleza y ha reproducido ese último adiós del dia, con todo el misterio, con toda la indefinible vaguedad que lo embellece.
Después de haber contemplado durante cortos momentos el panorama que hemos querido describir con algunos rasgos, comenzamos á descender á la llanura por una senda que nos mostró nuestro guía, y que baja serpenteando por la falda de la eminencia en que se halla el hospital de que mas arriba se hizo mención.
Ya en la vega lo primero que despertó nuestra curiosidad, fueron varios trozos de fábrica ó frogones de argamasa y ladrillo, los cuales parecian pertenecer á una época remota. Efectivamente, son fragmentos de construcciones romanas que, diseminados acá y allá y medio ocultos entre las altas yerbas, señalan aun al viajero los lugares por donde en tiempo de los Césares se extendió la gran ciudad, que hoy ha tornado á subirse sobre las siete colinas que le sirvieron de cuna.
Como á la distancia de unas cien varas de estos vestigios de la antigua poblacion, nuestros ojos se fijaron en unas nuevas ruinas. Los informes restos del circo de los gladiadores parecian brotar de entre los zarzales que crecen en su arena, como esos jigantescos trozos de roca, que heridos por el rayo, se desprenden de las alturas y ruedan al fondo de los valles.