Toledo
Toledo La extraña y salvaje poesia de los vehdas parece que toma formas y vive, cuando á la moribunda luz que se abre paso á través de las grutas sagradas, se ven desfilar, confundiéndose entre las sombras de sus muros, las silenciosas procesiones de monstruosos elefantes, guiados por esos deformes genios que desplegan sus triples miembros en semicírculo, como las plumas de un quitasol.
La Grecia coronó de flores sus divinidades, les prestó el ideal de la belleza humana, y las colocó sobre altares risueños levantados á la sombra de edificios que respiraban sencillez y majestad.
Basta examinar sus templos, ricos de armonía y de luz; basta hacerse cargo de la matemática euritmia de sus construcciones, para comprender á aquella sociedad que sujetó la idea á la forma, que tiranizó la libre imaginacion por medio de los preceptos del arte.
La arquitectura árabe parece la hija del sueño de un creyente, dormido despues de una batalla á la sombra de una palmera. Sólo la religion que con tan brillantes colores pinta las huríes del paraíso y sus embriagadoras delicias, pudo reunir las confusas ideas de mil diferentes estilos y entretejerlos en la forma de un encaje. Sus gentiles creaciones, no son mas que una hermosa página del libro de su legislador poeta, escrita con alabastro y estuco en las paredes de una mezquita ó en las tarbeas de una aljama.