Desembalo mi biblioteca
Desembalo mi biblioteca En verdad, el juguete ruso es el más rico y más variado de todos. Los 150 millones de personas que habitan el paÃs se reparten en centenares de comunidades, y todos esos pueblos tienen a su vez una actividad artÃstica más o menos primitiva, más o menos evolucionada. De este modo, existen juguetes en cientos de lenguajes formales diferentes y en múltiples materiales. Madera, arcilla, hueso, tejido, papel, papel maché, se presentan solos o combinados. La madera es el más importantes de los materiales citados. En ese paÃs de bosques inmensos, se tiene en casi todas partes un dominio incomparable de su tratamiento, ya se trate de esculpir, colorear o barnizar. Desde los simples tÃteres de madera de sauce blanco y blando, o las vacas, cerdos y corderos tallados a imitación de la naturaleza, hasta los cofres lacados, artÃsticamente pintados con colores brillantes, sobre los que están representados el campesino en su troika, las gentes del campo reunidas alrededor de un samovar, los segadores o los leñado res en el trabajo, y hasta los grandes gru pos de monstruos o las reproducciones plásticas de viejas fábulas y leyendas, los juguetes y los juegos en madera, llenan tienda tras tienda en las calles más distinguidas de Moscú, Leningrado, Kiev, Kharkov u Odesa. Es el museo del juguete en Moscú el que posee la colección más importante. Tres vitrinas están llenas de juguetes de arcilla procedentes de Rusia septentrional. La expresión rústica, robusta, de esas muñecas de la región de Wjatka contrasta un poco con su materia, tan sumamente frágil. Pero han sobrevivido al viaje. Y es bueno que hayan encontrado asilo en el museo de Moscú. Pues quién sabe cuánto tiempo esa manifestación del arte popular podrá resistir todavÃa al cortejo triunfal de la técnica que avanza a través de Rusia. Ya se está extinguiendo, se dice, la demanda de objetos semejantes, al menos en las ciudades. Pero allà arriba, en su paÃs natal, permanecen todavÃa con vida, ciertamente, y ahà están, en la casa campesina, como siempre, modeladas por la noche, después del trabajo, pintadas con colores luminosos y cocidas al horno.