Diario de Moscu

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17 de diciembre

Visita a Daga. Luce mejor que cualquiera de las otras veces que la vi. La disciplina del hogar infantil ejerce una fuerte influencia sobre ella. Su mirada es tranquila y segura; su rostro, más redondo y menos nervioso. Ha disminuido el asombroso parecido que guardaba con Asja. Me parecieron muy interesantes las aulas, con partes de sus paredes cubiertas enteramente de dibujos y figuras de cartón. Las paredes se asemejan a las de un templo al que los niños aportan sus trabajos como un regalo para el grupo. El color rojo predomina en estos muros, en las que se intercalan también estrellas soviéticas y reproducciones de la cabeza de Lenin. En las aulas los niños no se sientan en bancos individuales sino que lo hacen en mesas grupales con banquillos largos para compartir. Cuando entra alguien, saludan diciendo «Zdravstvuitie». Dado que la institución no tiene uniforme, muchos niños tienen un aspecto mísero. Cerca del sanatorio juegan otros niños que llegan de algunas granjas vecinas. El viaje a Mytishchi[53], y su vuelta, fue en trineo, con el viento en contra. Por la tarde, en el sanatorio, con Asja, de pésimo humor. Partida de dominó, a seis vueltas, en la sala de juegos. Cena con Reich en una confitería, una taza de café y tarta. A la cama temprano.


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