Diario de Moscu

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23 de diciembre

Por la mañana estuve en el museo Kustarny[63]. De nuevo pude ver juguetes muy bonitos; la exposición está organizada aquí por el director del Museo del Juguete. Las figuras más hermosas son probablemente las que están hechas de papel maché. Se encuentran a menudo montadas sobre un pequeño pedestal, o bien sobre una pequeña gaita con una manivela giratoria, o también sobre un plano inclinado que, al presionarlo, emite un sonido. También hay figuras muy grandes de este mismo material que representan a personajes que bordean lo grotesco y que ya pertenecen a un período de decadencia. En el museo había una chica, muy mal vestida y sumamente atractiva, conversando en francés sobre los juguetes con dos niños de los cuales era institutriz. Los tres eran rusos. El museo tiene dos salas. En la mayor, donde están los juguetes, hay también muestras de trabajos en madera laqueada y de tejidos. En la sala más chica hay antiguas esculturas talladas en madera, cajas con forma de animales, herramientas, etc., y también trabajos en hierro forjado. Fracasé en mi intento de encontrar algún objeto que representara juguetes antiguos en el almacén alojado escaleras abajo, en una sala anexa al museo. Pero lo que sí había allí era el mayor depósito de adornos navideños que vi en mi vida. Luego fui al Instituto Kameneva a buscar entradas para Les[64] y me encontré con Basseches[65]. Caminamos juntos por un rato y ya eran las tres y media cuando por fin llegué al Dom Herzena. Reich llegó todavía más tarde, cuando yo ya había terminado de comer. Ordené una segunda taza de café que me prometí no tocar. Por la tarde hubo una partida de dominó, y por primera vez hice equipo con Asja. Derrotamos con holgura a Reich y a la compañera de habitación de Asja, a quien más tarde me encontraría en el teatro Meyerhold, mientras Reich asistía a una reunión de la VAPP. Ella me habló en yiddish para hacerse entender, cosa que hubiera tenido resultado con un poco más de práctica, pero dada la situación, no pude entenderla demasiado. La velada fue agotadora; ya sea por un malentendido o por su falta de puntualidad, llegamos tarde y tuvimos que ver el primer acto de pie, en las filas traseras. Eso sumado al hecho de que la obra estaba en ruso. Asja no logró dormirse hasta que su compañera de habitación regresó. Fue recién entonces, tal como me dijo al día siguiente, que la respiración regular de su compañera la ayudó a conciliar el sueño. La célebre escena de la armónica en Les[66] es realmente hermosa, pero la imagen que me había formado de ella a partir del relato de Asja era ya tan maravillosamente sentimental y romántica, que necesité algún tiempo para familiarizarme con la realidad escénica de este episodio. La obra entera está llena de momentos magníficos: la escena en que el comediante excéntrico está pescando y simula los coletazos del pez simplemente haciendo mímica con su mano; la escena de amor que tiene lugar mientras sus protagonistas corren en círculo y toda la actuación sobre la pasarela, que va desde un andamio hasta el escenario. Por primera vez entendí con claridad la función de la disposición constructivista del escenario, y de una forma mucho más clara que cuando Tairov[67] actuó en Berlín, y mucho más aún que lo que había visto en fotografías.


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