Diario de Moscu

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Sin embargo, tuve que discrepar con él sobre algunas ideas de las que nunca tuve dudas y que datan de la época en que escribí uno de mis primeros ensayos, La lengua en general y el lenguaje humano[72]. Hice mención de la polaridad que toda entidad lingüística cobija: ser expresión y comunicación al mismo tiempo. Esto tenía una relación directa con aquello sobre lo que tantas veces hemos conversado, la «destrucción de la lengua» como una tendencia de la literatura rusa actual. El desarrollo del aspecto comunicativo de la lengua sin un contexto que lo incluya conduce inevitablemente a su destrucción. Por otra parte, la exaltación total de su carácter expresivo deriva en un silencio místico. Creo que de ambas tendencias, la que apunta a la comunicación es la más vigente, sólo porque considero que de una forma u otra, siempre es necesario comprometerse con alguna opción. Reconocí, no obstante, que estoy atravesando una situación crítica en lo que concierne a mi condición de autor. Le dije que no encuentro ninguna salida aquí, que ni meras convicciones ni decisiones abstractas bastan para abrirme camino, y que preciso en cambio de tareas y de desafíos concretos. En este punto, Reich mencionó mis ensayos sobre las ciudades[73], lo cual fue para mí muy alentador. Empecé a pensar de una forma más optimista en una posible descripción de Moscú. Para concluir, le estuve leyendo mi retrato de Karl Kraus[74], pues también habíamos estado hablando de él.


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