Diario de Moscu
Diario de Moscu Cuando uno atraviesa cualquiera de los grandes portones —a menudo disponen de rejas forjadas en hierro, pero no me he topado ninguno que estuviera cerrado—, se encuentra en la entrada de un asentamiento poblado que ocupa tal extensión que parece como si el espacio de esta ciudad no costara nada. Se aparece asà ante uno una estancia o una aldea. El suelo es desparejo; se ve a niños en trineo, quitando la nieve con palas; los rincones están llenos de cobertizos para la leña, las herramientas o el carbón; los árboles crecen por todas partes; las casas, que de frente lucen un estilo muy urbano, adquieren cierto aire de casa de campo gracias a las escaleras u otras construcciones primitivas hechas de madera adosadas a sus lados laterales o a la parte trasera. De este modo, la calle se prolonga en una dimensión paisajÃstica De hecho, no hay lugar de Moscú que se parezca a la ciudad que es, sino, más bien, a su periferia. El suelo húmedo, los puestos de madera, los transportes de materias primas, el ganado camino al matadero y los viejos antros son figuras que se repiten a lo largo de los lugares más céntricos de la ciudad. Esto es algo que vi con claridad hoy mientras recorrÃa la Sukharevskaya. QuerÃa ver el famoso Parque Sukharev que, con sus más de cien puestos, es descendiente de una antigua feria muy importante. Entré en él desde el barrio de los chatarreros, ubicado justo al lado de la iglesia (la catedral de San Nicolás) cuyas cúpulas azules se alzan por encima del mercado. AquÃ, la gente se limita a dejar su mercancÃa sobre la nieve.