Diario de Moscu

Diario de Moscu

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Pero, dado que esta rama de negocios pertenece al comercio del papel y de las pinturas, los puestos de venta de imágenes de santos se encuentran situados junto a los puestos de papelería, por lo que siempre aparecen secundados por retratos de Lenin, casi como prisioneros escoltados por sus guardias. Rosas navideñas también por aquí. Al no tener un lugar propio, pueden aparecer rodeadas de productos comestibles, de vajilla o de elementos textiles. Pero ellas lo eclipsan todo: ya sea carne cruda, mantas de colores o platos relucientes. Al llegar a la Sukharevskaya, el mercado se angosta hasta quedar reducido a un pasillo angosto entre paredes. Allí hay niños que venden artículos para el consumo hogareño, cosas como cubiertos, toallas, etc.; vi a dos de ellos de pie, cantando junto al muro. En ese lugar me crucé por primera vez desde Nápoles a alguien que vendía objetos para hacer trucos de magia. Tenía frente a sí una botellita en cuyo interior se hallaba sentado un mono de trapo bien grande. No se entendía cómo había podido meterlo allí. En realidad, sólo había que introducir en la botella un animalito de trapo como los que vendía aquel hombre, y el agua lo haría crecer. Un napolitano solía vender ramos de flores del mismo tipo. Caminé un rato por la Sadovaya, y luego, cerca de las doce y media, fui a ver a Basseches. Tenía mucho por decir, algunas cosas ciertamente instructivas, pero sus constantes repeticiones y las sugerencias irrelevantes lo único que hacen es resaltar su afán de reconocimiento. Pero no deja de ser alguien amable y la información que comparte conmigo me es de enorme utilidad, como también lo son revistas alemanas que me presta y su ofrecimiento de proporcionarme una secretaria. Por la tarde no fui de inmediato a ver a Asja: Reich quería hablar con ella a solas y me pidió que fuera recién a las cinco y media. En los últimos tiempos, apenas si pude intercambiar alguna palabra con Asja. En primer lugar, porque su estado de salud había vuelto empeorar considerablemente. Está con fiebre. Aunque esa circunstancia tal vez la hubiera podido predisponer a una charla tranquila, si no fuese porque además de la discreta compañía de Reich contamos también con la presencia paralizadora de su compañera de habitación que, además de hablar con voz muy fuerte y acalorada y de dominar todas las conversaciones, como si fuera poco, entiende tanto alemán que absorbe toda la energía que pudiera quedarme. En uno de los pocos momentos en que nos quedamos a solas, Asja me preguntó si alguna vez regresaría a Rusia. Yo le dije que no lo haría sin conocimientos de ruso. E incluso dependía también de algunas otras cosas: de la plata, de mi estado de salud, de sus cartas. Éstas dependerían —dijo ella, evasiva, aunque bien sé cuán evasiva puede ser con gran frecuencia— a su vez, de cómo se encontrase ella. Me fui y regresé con las mandarinas y el halva que me había pedido, y que le entregué abajo a la enfermera. Reich me solicitó la habitación para pasar la noche trabajando con su traductora. No pude decidirme a ir solo a ver Den’i Noch’[99], de Tairov Fui a ver La sexta parte del mundo (en el cine del Arbat), pero hubo muchas partes que se me escaparon.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker