Diario de Moscu

Diario de Moscu

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

11 de enero

Asja necesita inyecciones nuevamente. Quería ir a la clínica hoy y antes habíamos arreglado que pasaría a buscarme para poder acompañarla en trineo. Pero no llegó hasta el mediodía. Ya le habían dado las inyecciones en el sanatorio. Estaba agitada cuando estábamos solos en el pasillo (ambos teníamos que hacer algunas llamadas telefónicas), se aferró a mi brazo en un acceso momentáneo a su audacia perdida. Reich había tomado su posición en la habitación y no tenía intenciones de irse. Así que a pesar de que Asja finalmente había vuelto a mi habitación por la mañana, no tuvo sentido alguno que lo hiciera. Pospuse mi partida algunos minutos, pero fue en vano. Anunció que no quería acompañarme. Entonces me fui solo con Reich a Petrovka (aunque todavía no pude conseguir mi pasaporte) y luego al Museo de Pintura. Luego de este pequeño episodio, mi decisión de elegir un día de partida estaba definitivamente tomada. Y podría decirse que era inminente. No había mucho para ver en el museo. Me enteré más tarde de que Larionov y Goncharova[104] eran nombres importantes. Sus obras no valían nada. Como la mayor parte de las cosas que había en tres habitaciones, parecían haber sido influenciadas masivamente por la pintura Parísina y berlinesa del mismo período, que copiaron sin talento. Alrededor del mediodía pasé horas en la Oficina de Cultura esperando para comprar entradas para el Teatro Malyi[105] para Basseches, para su amiga y para mí. Pero como no pudieron informar el teatro a tiempo, no aceptaron nuestros pases esa noche. Basseches llegó sin su amiga. Me hubiera gustado ir con él al cine, pero él quería comer, así que lo acompañé al Savoy. Es un establecimiento mucho más modesto que el Bolshaya Moskovskaya[106]. Me aburrí bastante con él. No es capaz de hablar de otra cosa que no sea sus asuntos privados y, cuando lo hace, es para evidenciar lo bien informado que está y cuán supremamente hábil es para impartir esta información con otros. Continuó hojeando el Rote Fahne[107]. Lo acompañé en el auto por un tramo y luego me fui a casa, donde traduje un poco más. Esa mañana compré mi primera caja de laca (en Petrovka). Ya habían pasado varios días con mi mente puesta exclusivamente en algo específico mientras caminaba por las calles, como suele pasarme. En este caso fueron las cajas de laca. Una infatuación corta, pasional. Me gustaría comprar tres, pero no estoy completamente seguro en qué usar las dos que ya llevo adquiridas. La caja que compre ese día era la que tiene dos niñas sentadas al lado de un samovar. Es bastante linda, aunque no tenga nada de ese negro puro que suele ser lo más bello del trabajo de laqueado[108].


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker