Diario de Moscu
Diario de Moscu No tengo prácticamente nada para contar del día. Como había pospuesto mi partida, pude descansar un poco de los trámites y las visitas de los últimos días. Reich volvió a quedarse a dormir en casa. Asja vino a la mañana, pero se fue pronto porque tenía una reunión laboral. En el rato que estuvo con nosotros, se armó un debate sobre la guerra de gases. Al principio, estuvo en total desacuerdo conmigo, pero luego intervino Reich. Al final, Asja terminó diciendo que sería bueno que dejara mi opinión por escrito, y prometí escribir un artículo sobre el tema para el Weltbühne[141]. Me fui unos instantes después de que se fuera Asja. Me encontré con Gnedin. La charla fue breve; hablamos sobre nuestra confusión del domingo, me invitó a lo de Vakhtangov[142] el domingo siguiente a la noche y me sugirió un par de ideas más para cuando tuviera que pasar el equipaje por la aduana. Cuando volvía de lo de Gnedin, pasé por el edificio Cheka[143]. Siempre está custodiado por un soldado con una bayoneta fija. Luego pasé por el correo y envié un telegrama para pedir dinero. Almorcé en la taberna a la que vamos los domingos y después fui a casa a descansar. En el lobby del sanatorio, me topé con Asja de un lado e, inmediatamente, con Reich del otro. Asja tenía que darse un baño. Reich y yo jugamos dominó en la habitación de ella. Cuando volvió, Asja nos contó sobre las oportunidades que se le abrieron a partir de la reunión de esa mañana y sobre la posibilidad de conseguir trabajo como asistente de dirección en Tverskaya, en un teatro que presenta dos espectáculos por semana para niños proletarios. Reich estuvo con Illés toda la noche. Yo no fui con ellos. Pasó por mi habitación aproximadamente a las once; pero ya era muy tarde para ir a ver una película como habíamos planeado. Hubo una conversación breve e infructuosa sobre los cadáveres en el teatro anterior a Shakespeare.
