Diario de Moscu
Diario de Moscu Las zapatillas tenÃan un estado tan deplorable que ya no podÃan mantener sus pies abrigados. Pero Daga temÃa porque ahora estarÃa obligada a continuar usándolas en lugar de tener permiso para correr con otros zapatos o valenki. Al principio habÃamos planeado tomar un paseo de cinco minutos en trineo con Daga, pero esto fue imposible. El resto de los visitantes ya se habÃa ido y Asja permanecÃa sentada ahÃ, cosiendo, cuando llamaron a Daga para cenar. Nos fuimos; Asja estaba completamente desconsolada. Llegamos a la estación unos pocos minutos después de la salida de un tren, asà que tuvimos casi una hora de espera. Primero jugamos a «¿dónde nos sentamos?». Asja se habÃa decidido por un lugar en el que yo no querÃa sentarme en absoluto. Pero cuando por fin cedió, insistà obstinado en volver al primer asiento que habÃa elegido ella. Pedimos jamón, huevos y té. Durante el viaje de vuelta le conté sobre la dramática idea que me habÃa sugerido la obra de Illés: la escena de una historia sobre un transporte de mercancÃas durante la Revolución (un envÃo de, digamos, provisiones para los prisioneros). Tomamos un trineo desde la estación de tren para ver a Reich, que se habÃa mudado a un nuevo alojamiento. Asja se mudarÃa también al dÃa siguiente. Pasamos bastante tiempo ahÃ, esperando la comida. Reich me preguntó de nuevo acerca del ensayo sobre humanismo y argumenté que, en mi opinión, era necesario prestar atención en particular al hecho de que la distinción entre el erudito y el hombre de letras —dos figuras que en algún momento habÃan sido idénticas (o al menos unificadas en la categorÃa de erudito)— coincide con la victoria esencial de la burguesÃa y el declive en la posición del hombre de letras. Durante el perÃodo preparatorio para la Revolución, no significaba nada que los hombres de letras más influyentes fuesen menos eruditos que poetas. Incluso es muy probable que hubiese un predominio de eruditos.