Discursos interrumpidos I
Discursos interrumpidos I Fuchs tuvo que ocuparse del formalismo. La doctrina de Wölfflin estaba en alza al mismo tiempo que Fuchs ponía los fundamentos de su obra. En su Individuelles Problem (El problema individual) asimila un principio fundamental de Die klassische Kunst (El arte clásico) de Wölfflin. Dicho principio dice así: «Al quattrocento y al Cinquecento como conceptos estilísticos no se los despacha con una caracterización material. El fenómeno… indica un desarrollo del mirar artístico sustancialmente independiente de una determinada actitud y de un ideal de belleza determinado[52]». Esta formulación chocará desde luego al materialista histórico. Pero también contiene elementos provechosos; ya que el materialista no estará especialmente interesado en reducir la modificación del mirar artístico a la transformación del ideal de belleza o a procesos más elementales —procesos que se inician por las transformaciones económicas y técnicas en la producción—. En el caso que nos concierne, difícilmente quedaría sin respuesta quien decidiese ocuparse de las modificaciones, económicamente condicionadas, que trajo consigo la arquitectura del Renacimiento, o del papel que la pintura renacentista desempeñó como prospecto de la nueva arquitectura y como ilustración del porte que hizo posible[53]. Claro que Wölfflin sólo roza de pasada cuestión semejante. Pero Fuchs hace valer contra él: «Precisamente son esos momentos formales… los que no pueden explicarse si no es por las modificaciones del ambiente de la época[54]». Con lo cual apunta en primera línea a la cuestionabilidad aludida de las categorías histórico-culturales.