Discursos interrumpidos I

Discursos interrumpidos I

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En más de un pasaje se pone de manifiesto que la polémica y la discusión no están en el camino del escritor Fuchs. La dialéctica erística que según la definición de Hegel «se adentra en la fuerza del adversario para destruirlo por dentro», no se encuentra, por belicoso que Fuchs parezca, en su arsenal. En los investigadores que siguieron a Marx y a Engels cede la fuerza destructiva del pensamiento, que ya no se atreve a imponerle barreras al siglo. Ya en Mehring baja su tono en una profusión de escaramuzas. Y con todo logró algo destacable con su Leyenda de Lessing. Mostró qué tropel de energías políticas y también económicas y teoréticas se reunían en las grandes obras clásicas. De este modo corroboraba su aversión por los lugares comunes de los críticos contemporáneos. Llegó a tener un atisbo aguerrido: que el arte debe esperar su renacimiento de la victoria político-económica del proletariado. Y este otro incorruptible: «No es capaz el arte de intervenir profundamente en la lucha de liberación del proletariado[55]». La evolución del arte le ha dado razón. Sus atisbos refirieron a Mehring con insistencia redoblada al estudio de la ciencia. En él adquirió la solidez y el rigor que le hicieron inmune al revisionismo. En el cuadro de su carácter se formaron así rasgos que llamaríamos burgueses en el mejor sentido y que están muy lejos de garantizar al dialéctico. También los encontramos, y en no menor medida, en Fuchs. Y quizás en él destacasen más por estar incorporados a una idiosincrasia articulada más expansiva, más sensualmente. Pero sea como sea, podríamos muy bien imaginarnos su retrato trasladado a una galería de testas de eruditos burgueses. Como vecino le daríamos a Georg Brandes, con el cual comparte el furor racionalista, el apasionamiento de esparcir luz por vastos espacios históricos con la antorcha del ideal (del progreso, de la ciencia, de la razón). Al otro lado pensaríamos que está Adolf Bastian, el etnólogo. Fuchs le recuerda sobre todo por su hambre insaciable de materiales. E igual que Bastian había llegado a su fama legendaria por su disposición, en cualquier momento que hubiese que aclarar una cuestión, para salir pitando con su maletín de mano e iniciar una expedición que le alejaría durante meses del hogar, así Fuchs estaba a toda hora a la escucha de los impulsos que le urgían a buscar documentos nuevos. Las obras de ambos seguirán siendo siempre yacimientos inagotables para la investigación.


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