Discursos interrumpidos I
Discursos interrumpidos I Pero así se perjudica la clarificación del problema psicológico-sexual, que desde el dominio de la burguesía es especialmente importante. Aquí tienen su puesto los tabúes, de círculos más o menos amplios, sobre el placer sexual. Las represiones que producen en la masa sacan a la luz complejos masoquistas o sádicos, a los cuales los que detentan el poder entregan los objetos más oportunos de su política. Un coetáneo de Fuchs, Wedekind, se percató de estas conexiones. Fuchs desaprovechó su crítica social. Tanto más importante es el pasaje en el que, dando un rodeo por la historia natural, la recupera. Se trata de una peroración brillantísima en favor de la orgía. Según Fuchs, «el placer orgiástico… pertenece a las tendencias más valiosas de la cultura… debemos tener claro que la orgía… forma parte de lo que nos distingue del animal. Este, al contrario que el hombre, no conoce la orgía… El animal se retira de la pitanza más sabrosa y de la fuente más cristalina, cuando ha aplacado su hambre y su sed, y su urgencia sexual se limita generalmente a breves y determinados períodos del año. Otra cosa muy distinta ocurre al hombre, sobre todo al hombre creador. Este ni conoce el concepto de suficiente[84]». En los procesos de ideas, en que Fuchs se ocupa críticamente de las normas heredadas, reside la fuerza de sus constataciones psicológico-sexuales. Estas son las que le capacitan para disipar ciertas ilusiones pequeñoburguesas. Así la de la cultura nudista en la que reconoce con razón «una revolución estrecha de miras». «Por fortuna ya no es el hombre un animal selvático… y queremos que la fantasía, incluida la erótica, desempeñe un papel en la vestimenta. No queremos en cambio esa organización de la humanidad que todo lo deprava[85]».