Discursos interrumpidos I

Discursos interrumpidos I

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El culto de lo creativo, que penetra toda la obra de Fuchs, consiguió nuevo alimento de sus estudios psicoanalíticos. Estos enriquecieron su concepción, determinada en su origen biológicamente, aunque no llegaran a corregirla. Fuchs acogió con entusiasmo la doctrina del origen erótico de los impulsos creadores. Pero su representación de lo erótico siguió estrechamente apegada a la más drástica (y biológicamente determinada) de la sensualidad. Eludió en lo posible la teoría de la represión y de los complejos, que quizás hubiese modificado su concepción moralista de las relaciones sociales y sexuales. En Fuchs, el materialismo histórico hace que las cosas se deriven de un interés económico individual, consciente, más que de un interés de clase que al fin y al cabo opera inconscientemente; del mismo modo el impulso creador se acerca más a la intención sensual consciente que al inconsciente generador de imágenes[88]. El mundo erótico de imágenes en cuanto mundo simbólico, tal y como lo abrió Freud con su Interpretación de los sueños, sólo cobra vigencia en Fuchs cuando su participación interior en él es suma. En tal caso llena su exposición, aunque se evite toda referencia a su respecto. Así pasa con la magistral caracterización del dibujo de la época de la Revolución: «Todo es rígido, tieso, militar. Las gentes no se recuestan, ya que la plaza de armas no tolera ningún “¡descansen!”. Incluso cuando se sientan, es como si quisieran levantarse de un salto. Todo su cuerpo está en tensión, como la flecha sobre la cuerda del arco. Y el color lo mismo que la línea. Claro que los cuadros dan una impresión fría, plúmbea… comparados con los del Rococó… El color tenía que ser duro…, metálico, para acomodarse al contenido[89]». Una ilustrativa observación acerca del fetichismo resulta más explícita. Les sigue la pista a sus equivalentes históricos. Parece que «el incremento del fetichismo del calzado y de la pierna indica que el culto de la vulva sustituye al culto de Príapo»; por el contrario, el incremento del fetichismo de los senos es una tendencia regresiva. «El culto del pie y de la pierna calzados refleja el dominio de la hembra sobre el varón; el culto de los senos refleja el papel de la hembra como objeto de placer del varón[90]». Fuchs hizo sus más hondas inspecciones en el mundo de los símbolos de la mano de Daumier. Lo que dice sobre los árboles en Daumier es uno de los hallazgos más afortunados de toda su obra. Percibe en ellos «una forma simbólica muy singular… en la que se expresa el sentimiento de responsabilidad social de Daumier, así como su convicción de que es un deber de la sociedad proteger al individuo… La configuración, típica en él, de los árboles… los representa siempre con ramas muy esparcidas, sobre todo si alguien está de pie o recostado debajo. En tales árboles, las ramas se extienden como los brazos de un gigante y parece literalmente que quieran alcanzar el infinito. Y así forman un techo impenetrable que mantiene todo peligro lejos de aquellos que se han puesto bajo su protección[91]». Esta bella cavilación lleva a Fuchs a descubrir en el arte de Daumier una dominante materna.


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