Excalibur
Excalibur El legítimo rey, el bastardo real, vuelve al juego con la intención de destruirlo todo. Sus primeros actos son de crueldad pura: tortura, saqueo, venganza. Mordred no quiere reinar. Quiere ver arder lo que Arthur construyó. Sus aliados son los traidores, los desesperados y los que aún creen que la sangre vale más que la virtud.
—Ahora empieza la verdadera guerra —dice Arthur al enterarse—. Y no habrá piedad.
La respuesta es una campaña despiadada. Derfel, Issa y los fieles cruzan Britania para recuperar fortalezas, exterminar focos de rebelión, purgar la tierra. Es justicia… pero también venganza.
En medio de la carnicería, Derfel sufre su mayor pérdida: su hija, Seren, muere en un ataque. El dolor lo desgarra por dentro. Ceinwyn se encierra en el silencio. Y Derfel, por primera vez, duda.
—He dado todo por esta causa. Y aún así… no puedo proteger ni a mi sangre.
El precio de la lealtad no es solo físico. Es emocional, espiritual. Derfel comienza a preguntarse si ha seguido al hombre correcto. Si Arthur, con su obsesión por el honor, no ha condenado a Britania a su propio colapso.
Pero cuando el polvo se asienta, Arthur se alza una vez más. Decidido. Roto, pero implacable.