Excalibur
Excalibur Gawain, el joven prÃncipe de Broceliande, entra en escena como protector de los Treasures. Es hermoso, idealista… y sospechosamente perfecto. Merlin juega con todos como piezas en su tablero. La polÃtica y la religión se entrecruzan con lo arcano. No hay lÃnea entre lo sagrado y lo estratégico.
Mientras tanto, Mordred —el verdadero rey según la sangre, aunque no según el mérito— es encerrado en Lindinis. Arthur no puede matarlo, pero tampoco permitirle reinar. Mordred representa todo lo que Britania teme: debilidad, crueldad, corrupción. Su prisión es dorada, pero es una jaula al fin.
Y sin embargo, ni Merlin ni Nimue creen que Arthur deba seguir conteniendo el caos. Para ellos, el orden antiguo debe restaurarse… incluso si eso significa derrocar al mismo Arthur.
—¿Quién gobierna Britania? —pregunta Nimue con fuego en la voz.
—Nadie —responde Derfel, y la verdad resuena como un trueno.
El juramento a Uther, el padre de Arthur, ha sido quebrado mil veces. Por amor. Por ambición. Por religión. Y la isla entera, antigua y desgarrada, aguarda algo más que un rey: necesita un milagro… o una catástrofe.
