Excalibur
Excalibur Mientras Mai Dun se convierte en centro de un nuevo culto, Merlin teje sus redes. Manda a Gawain a buscar a Cywwylog, la madre de un supuesto bastardo de Mordred. El druida planea sustituir la lÃnea real por una más pura, más controlable. No se fÃa de Arthur ni de su indulgencia.
El emperador, mientras tanto, prepara la guerra. El invierno se acerca, y con él, Cerdic y los sajones. Pero lo que preocupa a Arthur no es solo el enemigo exterior. Son las grietas internas: los reinos vecinos que dudan, los nobles que conspiran, los antiguos aliados que callan. Sin un rey legÃtimo, Dumnonia se sostiene por la fuerza de su espada… y por la sombra de Excalibur.
—Cuando me muera, ¿quién quedará? —pregunta Arthur a Derfel en una noche amarga.
—Quedará tu ley. Tu ejemplo.
—¿Eso bastará?
Ni siquiera él lo cree.
La tensión entre el mundo antiguo y el nuevo se agudiza. Los paganos levantan altares. Los cristianos murmuran herejÃas. El pueblo, desgastado por años de sangre y traición, solo quiere sobrevivir. Pero el destino no les permitirá quedarse al margen. Mai Dun se convierte en una mecha encendida.
—En Samain —proclama Merlin—, cuando los muertos caminan entre nosotros, los dioses vendrán.