La fábula de las abejas
La fábula de las abejas a diario cenaba en la fonda un manjar de Navidad,
gastando en sólo dos horas de estar
lo que cuesta en un día una tropa de caballería.
La altanera Cloe, para vivir en grande,
había hecho a su esposo [T]defraudar al Estado:
ahora vendía su mobiliario,
saqueado en las Indias,
achicaba su costosa lista de la compra
y gastaba todo el año recio vestido:
había pasado la época ligera y veleidosa
y la ropa duraba lo mismo que las modas.
Los tejedores, que urdían plata en ricas sedas,
y a quienes todas las industrias se subordinaban,
se habían marchado. Aún reinaban la paz y la abundancia
y todo era barato, aunque sencillo.
La bella Natura, liberada de la férula del jardinero,
dejaba a cada fruta hacer su evolución;
pero no se conseguían rarezas
porque no se pagaba el trabajo que costaban.
A medida que el orgullo y el lujo desmedraban,
también iban abandonando los mares poco a poco.