La fábula de las abejas
La fábula de las abejas Respecto a aquellos hombres que sin obedecer a ninguna debilidad de su naturaleza pueden desprenderse de lo que aprecian, y sin ningún otro motivo que su amor a la bondad, realizan en silencio una acción meritoria, tales hombres, tengo que confesarlo, han adquirido una noción más refinada de la virtud que aquéllos a los que hasta aquà me he referido y, sin embargo, aun en éstos (que hasta ahora nunca han abundado en el mundo) podemos descubrir no pequeños sÃntomas de orgullo, y el hombre más humilde entre los vivos tiene que confesar que la recompensa de una acción virtuosa, o sea la satisfacción que de ésta emana, consiste en un cierto placer que, al contemplar su propio mérito, se procura a sà mismo, placer que, unido a la ocasión que le dio lugar, constituye un signo tan cierto de orgullo, como el temblor y la palidez ante un peligro inminente son sÃntomas del miedo.