La fábula de las abejas
La fábula de las abejas Si el lector demasiado escrupuloso condenara a primera vista estas nociones relacionadas con el origen de la virtud moral y pensara que acaso sean ofensivas para la cristiandad, espero que suspenda sus censuras al considerar que nada puede hacer más notable la profunda inescrutabilidad de la sabiduría divina, que el hecho de que el hombre a quien la Providencia destinó a la sociedad, no sea conducido por el camino de la felicidad temporal solamente por sus propias debilidades e imperfecciones, sino que también reciba, mediante la aparente necesidad de las causas naturales, una tintura de aquel conocimiento que lo perfeccionará por la verdadera religión y para su bienestar eterno[275].