La fábula de las abejas
La fábula de las abejas Estas cosas y otras parecidas se arguyen, con parejo rencor e igual falta de verdad en el libro mencionado más arriba, esto es, LA FÁBULA DE LAS ABEJAS, O VICIOS PRIVADOS, BENEFICIOS PÚBLICOS, etc. Catilina manipula los Artículos de la Fe, comparando impíamente a la Santísima Trinidad con Fee-Fa-Fum[486]. Este libertino autor de la fábula no es solamente un auxiliar de Catilina en su oposición a la Fe, sino que se ha empeñado en destrozar los fundamentos mismos de la virtud moral, instalando en su lugar el vicio. El mejor médico del mundo no habrá trabajado más en purgar al cuerpo físico de sus malas cualidades que este moscardón en purgar al cuerpo político de las buenas. Él mismo da testimonio de la veracidad de esta acusación en contra suya, pues, cuando llega a la conclusión de su libro, hace esta observación acerca de sí mismo y de su trabajo: «Después de esto, me congratulo de haber demostrado que ni las cualidades amistosas ni los afectos simpáticos que son naturales en el hombre, ni las virtudes reales que sea capaz de adquirir por la razón y la abnegación, son los cimientos de la sociedad; sino que, por el contrario, lo que llamamos mal en este mundo, sea moral o natural, es el gran principio que hace de nosotros seres sociables, la base sólida, la vida y el sostén de todos los oficios y profesiones, sin excepción: es ahí donde hemos de buscar el verdadero origen de todas las artes y ciencias, y en el momento en que el mal cese, la sociedad se echará a perder, si no se disuelve completamente»[487].