La fábula de las abejas
La fábula de las abejas Ahora, My Lord, puede usted ver el Gran Designio, el rumbo fundamental de Catilina y sus confederados; ahora es cuando se abre el escenario y aparecen los muelles ocultos; ahora la cofradía se aventura a hablar claramente y es seguro que nunca antes una pandilla de hombres se atrevió a hacerlo de tal modo; ahora puede verse la causa verdadera de toda su enemistad contra las pobres Escuelas de Caridad: está apuntada contra la religión; la Religión, My Lord, para promover la cual fueron instituidas las escuelas y a la que esta confabulación está empeñada en destruir; porque las escuelas son, ciertamente, uno de los mayores instrumentos de la religión y la virtud, uno de los más firmes baluartes contra el Papado, una de las mejores recomendaciones de este pueblo al favor divino y, por tanto, una de las mayores bendiciones de nuestro país, entre todo lo que se ha edificado desde nuestra feliz Reforma y la liberación de la idolatría y la tiranía de Roma. Si algún inconveniente trivial emerge de obra tan excelente, puesto que los pequeños inconvenientes acechan a todas las instituciones y asuntos humanos, la excelencia de la obra seguiría siendo motivo de alegría y contaría con el aliento de todos los prudentes y los buenos, quienes desprecian objeciones tan insignificantes contra ella como otros hombres no se avergüenzan de promover y sostener.