La fábula de las abejas
La fábula de las abejas Ahora Su SeñorÃa puede también ver la verdadera causa de la sátira que continuamente componen contra el Clero Catilina y sus confederados. ¿Por qué la condena y ejecución del señor Hall han de ser motivo mayor de escarnio contra el Clero[488] que las del señor Layer[489] contra los caballeros togados? Es claro que debido a que la profesión de las leyes no tiene relación inmediata con la religión, y por tanto, Catilina admitirá que si alguna persona de aquella profesión fuera traidora o tuviera algún otro vicio, podrÃa ser que los demás, no obstante la iniquidad de un cofrade, fueran tan leales y virtuosos como cualesquiera otros súbditos de los dominios del Rey; pero, toda vez que las cuestiones religiosas son, profesadamente, la preocupación y la ocupación del clero, entonces la lógica de Catilina presenta, tan claro como la luz del dÃa, que si cualquiera de ellos es desafecto del Gobierno, todos los demás han de serlo también; o que si alguno de ellos pudiera ser acusable de vicio, la clara consecuencia de esto es que todos los demás, o la mayorÃa de ellos, son tan viciosos como el Diablo pueda hacerlos. No voy a molestar a Su SeñorÃa con una reivindicación en particular del clero, ni hay razón alguna para que lo haga yo, puesto que ellos tienen ya la seguridad del afecto de Su SeñorÃa y pueden muy bien reivindicarse a sà propios dondequiera que se precise una reivindicación, puesto que forman una corporación de hombres de los más leales, virtuosos y cultos de Europa; y, sin embargo, han suspendido la publicación de argumentos en solemne defensa propia, porque ni aguardan ni desean la aprobación y la estima de los impÃos y relajados; y al mismo tiempo no dudan de que cualquier persona, no sólo las muy inteligentes, sino también las de sentido común, ahora pueden ver claramente que las flechas lanzadas contra el clero están apuntadas a herir y destruir la Divina Institución de los oficios ministeriales y extirpar la religión que los sagrados oficios deben preservar y promover. Esto lo han barruntado y sospechado siempre todos los hombres honrados e imparciales; pero ahora queda demostrado por quienes anteriormente dieron ocasión a tales recelos, puesto que ahora declaran abiertamente que la Fe, en sus principales ArtÃculos, no sólo es innecesaria sino también ridÃcula, que el bienestar de la sociedad humana ha de perecer y hundirse si se alienta a la virtud y que la inmoralidad es el único cimiento firme sobre el que pueda edificarse y subsistir la felicidad de la humanidad. La publicación de credos como éstos, propuesta abiertamente confesada de extirpar la Fe Cristiana y toda virtud, y de establecer el mal moral como base del Gobierno, resulta en tal medida asombrosa, desconcertante y terrible, enormidad tan flagrante, que si se nos pudiera imputar como culpa nacional, la venganza divina tendrÃa inevitablemente que abatirse sobre nosotros. Y en qué medida esta enormidad pudiera convertirse en culpa nacional, si se la dejara pasar inadvertida e impune, es algo que fácilmente deducirÃa cualquier casuista menos perspicaz y talentoso que Su SeñorÃa; y no cabe duda que el buen juicio de Su SeñorÃa en materia tan clara e importante le obliga, como patriota prudente y leal, a decidirse a aplicar los mayores esfuerzos propios de su alta condición en defender la religión de los osados embates lanzados contra ella.