La fábula de las abejas
La fábula de las abejas A mi vanidad nunca pude dominarla tan completamente como habrÃa deseado, tengo demasiado orgullo como para cometer delitos y, en cuanto al objetivo principal, a la intención del libro, quiero decir, el talante con el cual ha sido escrito, declaro que ha sido con la mayor sinceridad, como he expresado en el Prefacio, en cuya página 8 encontraréis estas palabras: «Si me preguntáis por qué he hecho todo esto, cui bono?, y qué ventaja producirán estas nociones, os diré que, realmente, además del recreo del lector, creo que ninguna; pero, si se me preguntara cuál serÃa la consecuencia lógica de ellas, contestarÃa que, en primer lugar, las personas que constantemente encuentran faltas en las demás podrÃan, al leerlas, aprender a mirar a sus casas y, examinando sus conciencias, avergonzarse de escarnecer sin cesar aquello de que, más o menos, son ellos mismos culpables; y en segundo lugar, los aficionados a la holgura y a las comodidades, que cosechan todos los beneficios propios de las naciones poderosas y prósperas, viendo la imposibilidad de gozar en abundancia de lo bueno sin participar igualmente de lo malo, podrÃan aprender a someterse con más resignación a estas inconveniencias que no hay gobierno en la tierra capaz de remediar»[498].