La fábula de las abejas
La fábula de las abejas HORACIO Prefiero no privarte de una tan magnífica oportunidad para la meditación.
CLEÓMENES ¡Meditación! ¿Sobre qué? Dime.
HORACIO Me refiero a la ruindad de nuestra especie según el refinado método de pensar al cual tanto te has aficionado en los últimos tiempos; a lo que yo llamo el plan o modelo de la deformidad, cuyos partidarios estudian principalmente todo lo que parece feo y vil en nuestra naturaleza, esforzándose considerablemente para persuadir a los hombres de que no son sino demonios.
CLEÓMENES Si esto es todo, creo que voy a convencerte pronto.
HORACIO No me convenzas, te lo ruego. Estoy completamente persuadido de que hay en el mundo cosas buenas y cosas malas, de que las palabras honradez, benevolencia y humanidad, y aun la caridad misma, no son sonidos vacíos, sino que hay algo que responde a ellas, a pesar de lo que dice la fábula de las abejas. Y estoy resuelto a creer que, no obstante la depravación de la humanidad y la perversidad de nuestra época, hay todavía hombres que poseen actualmente dichas virtudes.
CLEÓMENES Pero no sabes lo que voy a decir; digo que-----