La fábula de las abejas
La fábula de las abejas HORACIO Ante todo me gustaría que fueras tan lejos como yo. No puedes imaginar, Cleómenes, qué penoso me ha sido ver los muchos enemigos que te has hecho con tus extravagantes argumentos. Si hablas en serio, ¿cuál es la causa de tu cambio?
CLEÓMENES En primer término, me cansé de que todo el mundo estuviera contra mí; en segundo, hay más lugar a la invención en el otro sistema. Los poetas y oradores tienen buenas oportunidades de ejercitarse en el sistema social.
HORACIO Desconfió mucho de tu restablecimiento. ¿Estás convencido de que el otro sistema era falso, cosa fácil de saber al ver que todo el mundo estaba contra ti?
CLEÓMENES Era falso con toda seguridad, pero lo que alegas no es ninguna prueba, pues si la mayor parte de la humanidad no estuviera en contra de lo que llamas con razón el modelo de la deformidad, la insinceridad no podría ser tan general como dicho modelo supone. Pero al caérseme la venda de los ojos he visto que la verdad y la probabilidad son las cosas más disparatadas del mundo. En manera alguna pueden ser útiles, especialmente entre la gente de bon goût.
HORACIO Te creía cambiado, pero, ¿cuál es la nueva locura que se ha apoderado de ti?