La fábula de las abejas
La fábula de las abejas CLEÓMENES Ninguna locura. Digo y mantendré frente a todo el mundo que la verdad es muy impertinente en las cosas sublimes, y que en las artes y en las ciencias, adecuadas para que las examinen los hombres de gusto, un maestro no puede cometer falta más imperdonable que introducir la verdad o ser influido por ella cuando se interfiere con lo agradable.
HORACIO Verdad casera, por cierto-----
CLEÓMENES Mira este cuadro holandés que representa una Navidad. ¡Qué encantador colorido! ¡Qué pincel tan admirable! ¡Qué bien acabados están todos los contornos! Pero, ¡qué loco debía estar el autor para pintar el heno, la paja, el ganado y un pesebre! Es raro que no colocara al Bambino en el pesebre.
FULVIA ¿El Bambino? Supongo que se trata del niño. ¿Por qué debería estar en el pesebre? ¿Por qué no? ¿No nos dice acaso la historia que se puso al niño en el pesebre? Carezco de toda destreza para pintar, pero puedo ver perfectamente si las cosas pintadas corresponden o no al natural. Y, ciertamente, nada puede parecerse más a la cabeza de un buey que lo que aquí veo. Me gusta un cuadro sobre todo cuando engaña mi vista, es decir, cuando, sin hacer ninguna concesión, puedo imaginar que veo en la realidad las mismas cosas que el pintor ha intentado representar. Siempre he creído que este cuadro es admirable; con toda seguridad que nada en el mundo puede parecerse más a la naturaleza.