La fábula de las abejas
La fábula de las abejas CLEÓMENES ¿Parecerse a la naturaleza? Tanto peor. En realidad, prima mía, se ve fácilmente que no tienes ninguna destreza en la pintura. No es la naturaleza, sino la naturaleza agradable, la belle nature, lo que ha de representarse. Todo lo que sea abyecto, ruin, despreciable y sórdido debe evitarse cuidadosamente, apartarse de la vista, porque tales cosas son para los hombres de buen gusto tan ofensivas como lo espantoso y asqueroso.
FULVIA Según esto, nunca deberían pintarse el estado de la Virgen María y el nacimiento de nuestro Salvador.
CLEÓMENES Ahí radica tu error. El tema es noble en sí mismo. Trasladémonos a la habitación contigua y os mostraré la diferencia. Mirad este cuadro, que representa la misma escena. Hay aquí una bella arquitectura, una magnífica columnata. ¿Puede imaginarse algo más espléndido? ¡Cuán hábilmente está suprimido este asno, cuán poco se ve del buey! Observad la oscuridad en que ambos se hallan envueltos; cuelga en plena luz, porque en otro caso podría mirarse diez veces el cuadro sin verlos. Contemplad estos pilares del orden corintio; ¡qué altos son y qué efecto producen!, ¡qué noble espacio, qué superficie[3] se ofrece a nuestra mirada! ¡Cuán noblemente concurre todo a expresar la majestuosa grandeza del tema y a estremecer el alma con admiración y pavor al mismo tiempo!