La fábula de las abejas
La fábula de las abejas FULVIA Dime, primo, ¿tiene algo que ver el sentido común con el juicio que forman tus hombres de buen gusto acerca de los cuadros?
HORACIO ¡Señora!
FULVIA Perdonad, señor, si os he ofendido, pero me parece extraño que se recomiende a un pintor que convierta el establo de una posada rural en un palacio de extraordinaria magnificencia. Esto es mucho peor que la metamorfosis que hizo Swift de Filemón y Baucis, pues allí, por lo menos, encontramos alguna apariencia de semejanza en los cambios[4].
HORACIO En un establo rústico, señora, no hay sino suciedad e inmundicia o cosas que no es apropiado ver o, cuando menos, cosas que no pueden entretener a las personas de alta posición social.