La fábula de las abejas
La fábula de las abejas CLEÓMENES No voy a intentarlo. Pero no creo que fuera muy difícil hacer un pequeño bosquejo de esa supuesta obra que, con todo, rebasaría la naturaleza y serla un modelo a imitar mejor que todos los realmente existentes. Tengo deseos de probarlo; el solo pensamiento me anima. ¡Qué admirable es el retrato de un perfecto caballero! ¡Qué atractiva es la figura que hace una persona de noble extracción y gran fortuna, a quien la naturaleza no ha negado nada, cuando tiene conocimiento del mundo y está bien educada!
HORACIO Lo mismo creo yo, puedo asegurártelo; tanto si hablas en broma como en serio.
CLEÓMENES ¡Qué bien escondidas están sus mayores imperfecciones! Aunque el dinero es su ídolo y en el fondo de su corazón es codicioso, su interna avaricia debe ceder ante su liberalidad externa, con lo cual una manifiesta generosidad brilla en todas sus acciones.
HORACIO Ahi está tu error. Esto es lo que no puedo sufrir en ti.
CLEÓMENES ¿De qué se trata?
HORACIO Sé lo que vas a hacer. Vas a bosquejarme la caricatura de un caballero con la pretensión de pintar su retrato.
CLEÓMENES Me ofendes. No tengo tal propósito.