La fábula de las abejas
La fábula de las abejas HORACIO Esto parece desalentarle, pero muestra la necesidad de persistir en esa costumbre para educar e ilustrar a la sociedad en general.
CLEÓMENES ¿No ves en esto una ironía?
HORACIO Verdaderamente no la veo. El autor demuestra sencillamente su utilidad; da para ello las mejores razones posibles y señala hasta qué punto resultaría perjudicada la conversación si llegara a abolirse tal práctica.
CLEÓMENES ¿Crees que un hombre puede hablar con seriedad sobre un tema cuando se contradice en la forma en que lo hace?
HORACIO No lo recuerdo.
CLEÓMENES Aquí está el libro. Voy a buscar el pasaje… Te ruego que leas esto.
HORACIO Es extraño que una nación entregue de mala gana una docena de hombres al año para obtener una recompensa tan valiosa como la cortesía en los modales, el placer de la conversación y la felicidad de las gentes en general, cuando tan a menudo está dispuesta a exponer y a veces a perder a tantos miles en unas pocas horas, sin saber si esto representará o no algún bien[1]. Realmente parece que esto está dicho con cierta mofa, pero en lo de antes el autor se expresa muy seriamente.