Gente tóxica
Gente tóxica Convive con una ira contenida que descarga en los demás sin asumir responsabilidad. No acepta errores propios ni reconoce logros ajenos. Su estado de ánimo determina el clima emocional de todo su entorno: si está de mal humor, todos lo padecen; si está irritado, todos se sienten tensos. Es impredecible, pero al mismo tiempo, sistemáticamente destructivo.
Frente a este perfil, muchos desarrollan miedo a equivocarse, hiperalerta, bloqueo en la expresión emocional o actitudes sumisas. Se adaptan a la tormenta para evitar el conflicto. Sin embargo, este sometimiento no reduce la agresividad, la alimenta. Cuanto más se cede, más avanza el agresor.
No se trata de responder con más agresión, sino de establecer lÃmites firmes, sin justificarse ni entrar en provocaciones. Proteger el propio espacio emocional es vital. Decidir no exponerse innecesariamente, no justificar cada paso, no pedir permiso para existir. Nadie debe vivir sometido al maltrato disfrazado de carácter fuerte. La libertad emocional comienza cuando se deja de temer y se empieza a decidir.