El Clan de los Parricidas y otras historias macabras
El Clan de los Parricidas y otras historias macabras »—¿Qué le sucede, amigo?
»No tardé mucho en decÃrselo, pero, antes de que terminara, él también se puso pálido.
»—MÃreme —dijo—, ¿está usted diciendo la verdad?
»En ese momento yo ya habÃa conseguido sobreponerme, y el terror habÃa dejado paso a la indignación.
»—¡Si se atreve a dudarlo —le espeté— le machaco a golpes!
»—No —contestó—, no lo haga; siéntese y yo le contaré. Esto no es un hotel. Lo fue, y después un hospital. Ahora está deshabitado, a la espera de alguien que lo quiera alquilar. La habitación a la que usted se refiere era la habitación de los muertos; allà siempre habÃa muchos muertos. El tipo al que usted llama portero solÃa serlo, pero más tarde se encargaba de registrar a los pacientes que llegaban. No comprendo qué hace ahora aquÃ. Hace unas cuantas semanas que murió.
»—¿Y usted quién es? —le pregunté.
»—Oh, yo me encargo de cuidar el local. Pasaba por aquÃ, vi luz y entré a investigar. Vamos, echemos un vistazo a esa habitación —añadió levantado del escritorio aquella vela que chisporroteaba.
»—¡Antes verÃa al mismÃsimo demonio! —exclamé saliendo rápidamente a la calle.
»Amigo, ese Breathitt House de Atlanta es un lugar maldito. No se aloje allÃ.