El Clan de los Parricidas y otras historias macabras
El Clan de los Parricidas y otras historias macabras —Desde luego que no: las he visto con mucha frecuencia.
—Pero yo sà —dijo un periodista que tenÃa fama en la localidad como reportero pintoresco—. Las he relatado tantas veces que sólo la observación directa podrÃa debilitar mi convicción. Bueno, caballeros, va mi propia palabra en ello.
Nadie se rió; todos miraban a algo que habÃa detrás de mÃ. Al darme la vuelta en el asiento vi a un hombre con traje de etiqueta que acababa de entrar en la sala. Su piel era atezada, casi oscura; llevaba una barba negra y poblada, una mata de pelo negro algo revuelto, y tenÃa la nariz afilada y unos ojos que resplandecÃan con una expresión tan desalmada como los de una cobra. Alguien del grupo se levantó y lo presentó como el Dr. Dorrimore, de Calcuta. Mientras Ãbamos siendo presentados uno a uno, él contestaba a nuestro saludo con una profunda reverencia al estilo Oriental, a la que le faltaba la solemnidad de Oriente. Su sonrisa me resultó cÃnica y un poco despectiva. Sólo sé describir su conducta como desagradablemente atractiva.
Su presencia hizo que la conversación derivara hacia otros temas. Habló poco (no recuerdo nada de lo que dijo). Su voz me pareció especialmente rica y melodiosa, pero me produjo la misma impresión que sus ojos y su sonrisa. Tras unos minutos me puse en pie para marcharme. Él también se levantó y cogió su abrigo.