El Martí que yo conocí
El Martí que yo conocí El Everett House, de Primo Suárez, en Saratoga, era, en los meses de verano, un torbellino de cubanería, con el animado doctor Ramón Miranda de director honorario de salubridad.
¡Cuántas caras conocidas se veían en el Parque del Congreso, libando el agua de los manantiales que dan la salud!
Cada año llegaba de Cuba Raimundo Cabrera, con su dulce compañera, Elisa, su numerosa prole, a la que se agregaban unos cuantos sobrinos y varios criados; una verdadera caravana. Se necesitaban en los vapores, los trenes y los hoteles dieciséis puestos para darles cabida.
En el Everett estaban los condes de Casa Bayona con su hijo Panchito Chacón, recién casado con la bella María Calvo; el doctor Juan B. Landeta y Adela Bachiller, entusiasta él por la virtud terapéutica de las aguas del Spa americano; Esteban Borrero y Echeverría, muy orgullosos de su talentosa hijita, la delicada poetisa Juana Borrero.
Atención llamaba la escultural belleza de María O’Farrill y su preciosa hijita Blanca Broch. Don Narciso Golats y su larga familia; las de Carlos Párraga, Froilán Cuervo y Guillermo Dolz.
En el Grand Union se hospedaban Domingo Zanette, señora e hijos; algunos años los acompañó su cuñada Malvina Cruzat, la de los grandes ojos luminosos, y luego el esposo de esta, el admirado literato Nicolás Heredia.
