El Martí que yo conocí
El Martí que yo conocí Hemos dicho que la fama de Martí, como patriota, eclipsó mucho tiempo su reputación de gran pensador y escritor.
En Cuba era El Libertador, gran timbre de gloria, sin duda, pero su personalidad profunda quedaba vagamente legendaria en la mente popular, que sólo rendía culto al héroe.
Exiliado de Cuba casi toda su vida, sus múltiples actividades se desenvolvieron en el extranjero, y aunque sus escritos eran admirados en México; Uruguay, etcétera, nada firmado por Martí, archirrebelde y enemigo declarado del Gobierno español, se publicó en Cuba durante el coloniaje, y muy poco en los primeros días de la República.
Sus obras, coleccionadas por Gonzalo de Quesada, no vieron la luz sino muchos años después de la muerte de Martí, y sólo en los tiempos recientes han aparecido ediciones populares, al alcance de todos, siendo extensamente leídas y comentadas.
Siguió a esta difusión un despertar de entusiasmo. El público quiso tener más detalles de su vida y de su genio. De ahí la avalancha de artículos, conferencias y obras sobre Martí que aparecen sin cesar.
Y ahora, quiero, antes de seguir adelante, constatar un hecho que a algunos puede causar sorpresa.
