El Martí que yo conocí
El Martí que yo conocí Martí llegó a Nueva York el 3 de enero de 1880. Un claro sol iluminaba el aire invernal. Empezaba para él una nueva etapa de su vida.
En España, a donde había vuelto en su segundo destierro, comprendió que allí no podía trabajar con éxito para la independencia de su patria, mientras que en la gran metrópoli del Norte estaba en América, cerca de Cuba, en contacto con los jefes revolucionarios; era el punto estratégico para dirigir la campaña emancipadora hacia la cual convergían todas sus aspiraciones.
No perdió tiempo en incorporarse a la Junta Revolucionaria Cubana, que, inconforme con los acuerdos del Zanjón, seguía sus aprestos bélicos para una nueva intentona.
Aceptó Martí, al llegar, la invitación de un amigo, Miguel Fernández Ledesma, para alojarse en su casa hasta encontrar habitación adecuada. A los pocos días se mudó al número 51 de la calle 29, lugar que le fue recomendado. Era la residencia de un matrimonio cubano que se ayudaba a vivir recibiendo como huéspedes a algunos compatriotas.
