La cueva de los ecos y otros cuentos ocultistas y macabros
La cueva de los ecos y otros cuentos ocultistas y macabros —Si antes de partir de Kioto hubieseis telegrafiado a las autoridades de la ciudad vuestra residencia y vuestra intención de regresar a vuestro paÃs para encargaros de vuestra familia, hubiéramos podido colocarla provisionalmente en otra parte, salvándolos asà de su destino; pero, como todos ignorábamos que los niños tuviesen pariente alguno, sólo pudimos internarlos en el asilo donde por desgracia han sucumbido…
Éste era el gran golpe de gracia dado a mi desesperación. ¡SÃ, mi abandono habÃa matado a mis sobrinitos! Si yo, en vez de aferrarme a mis ridÃculos escepticismos, hubiese seguido los consejos del bonzo Tamoora y dado crédito a la desgracia que por clarividencia y clariaudiencia me habÃa hecho ver y oÃr el yamabooshi, aquello se hubiera podido evitar telegrafiando a las autoridades antes de mi regreso. Acaso podrÃa, pues, no alcanzarme la censura de mis semejantes; pero jamás podrÃa ya escapar a las recriminaciones de mi propia conciencia, ni a la tortura de mi corazón en todos los dÃas de mi vida. Allà fue, entonces, el maldecir mis pertinaces terquedades; mi sistemática negación de los hechos que yo mismo habÃa visto, y hasta mi torcida educación. El mundo entero no habÃa sabido darme otra…