La cueva de los ecos y otros cuentos ocultistas y macabros
La cueva de los ecos y otros cuentos ocultistas y macabros Soy un perfecto abúlico, porque, debido a mi prematura instrucción, adquirà falsas ideas, a las que hechos posteriores se han encargado de dar el mentÃs más rotundo. Muchos, al oÃr el relato de mis cuitas, las considerarán como absolutamente providenciales, y yo mismo, que no creo en providencia alguna, tampoco puedo atribuirlos a la mera casualidad, sino al eterno juego de causas y efectos que constituyen la vida del mundo. Aunque enfermo y decrépito, mi mente ha conservado toda la frescura de los primeros dÃas, y recuerdo hasta los detalles más nimios de aquella terrible causa de todos mis males ulteriores. Ello me demuestra, bien a pesar mÃo, la existencia de una entidad excelsa, causa de todos mis males, entidad real, que yo desearÃa fuese tan sólo mera creación de mi loca fantasÃa… ¡Oh, ser maldito, tan terrible como bondadoso! ¡Oh, santo y respetado señor, todo perdón: tú, modelo de todas las virtudes, fuiste, no obstante, quien amargó para siempre toda mi existencia, arrojándome violentamente fuera de la égida monótona, pero segura y tranquila, de lo que llamamos vida vulgar: tú, el poderoso que, tan a pesar mÃo, me evidenciaste la realidad de una vida futura y de mundos por encima del que vemos, añadiendo asà horrores tras horrores a mi mÃsero vivir!