MartÃn Rivas
MartÃn Rivas »—Me hallo encargado— me dijo —de una comisión desagradable, y que espero que usted acogerá con la moderación de un caballero.
»—Señor —le contesté—, puede usted hablar, en el colegio recibà las lecciones de urbanidad de que necesito, y no es menester que me las recuerden.
»—Usted no ignora —repuso don Dámaso— que la situación de una niña soltera es siempre delicada, y que sus padres se hallan en el deber de alejar de ella todo lo que pueda comprometerla. Mi cuñado ElÃas ha sabido que la sociedad se ocupa mucho de las repetidas visitas de usted a su casa, y que teme que la reputación de Matilde pueda sufrir con esto.
»La punta del puñal habÃa entrado en medio de mi pecho, y sentà un dolor que estuvo a punto de privarme del conocimiento.
»—¡Es decir —le dije—, que don Fidel me despide de su casa!
»—Le ruega que suspenda sus visitas —me contestó don Dámaso.