Martín Rivas

Martín Rivas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

»Mi reputación de tunante principiaba a cimentarse, sin que hubiese perdido ni la virtud ni el punzante recuerdo de mis amores perdidos, cuando, paseándome una tarde de procesión del Señor de Mayo por la Plaza de Armas con uno de mis nuevos amigos, llamó mi atención un grupo de tres mujeres, de ese tipo especial que parece mostrarse con preferencia en las procesiones. Una de ellas entrada en años, jóvenes y bellas las otras dos. Había en ellas ese no sé qué con que distingue un buen santiaguino a la gente de medio pelo.

»—Bonitas muchachas —dije al que me acompañaba.

»—¿No las conoces? —me preguntó él—. Son las Molinas, hijas de la vieja que está con ellas.

»—¿Tú las visitas? —le pregunté.

»—Cómo no, en casa de ellas hemos tenido magníficos picholeos —me respondió.

»Adelaida sobre todo llamó mi atención por la gracia particular de su belleza. Sus labios frescos y rosados me prometían de antemano el olvido de mis pesares. Sus ojos de mirar ardiente y decidido, sus negras y acentuadas cejas, el negro pelo que alcanzaba a ver fuera del mantón, su gallarda estatura, me ofrecieron una conquista digna de mis nuevos propósitos. Fiado en mi buena cara y en la osadía que juré desplegar en mi calidad de calavera, híceme presentar en la casa y hablé de amor a Adelaida desde la primera visita.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker