MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —Pero yo creo que la Constitución no habla de palos —observó doña Francisca, que no podÃa resistir a la tentación de replicar a su marido.
—¡Mujer, mujer! —exclamó don Fidel—, ya te he dicho que…
—Pero, compadre —dijo don Simón interrumpiéndole—, la Constitución tiene sus leyes suplementarias, y una de ellas es la ordenanza militar, y la ordenanza habla de palos.
—¿No ves? ¿Qué te decÃa yo? —repuso don Fidel—. ¿Has leÃdo la ordenanza?
—Pero la ordenanza es para los militares —objetó doña Francisca.
—Todo conato de oposición a la autoridad —dijo en tono dogmático don Simón— debe ser considerado como delito militar; porque para resistir a la autoridad tienen necesidad de armas, y en este caso los que resisten están constituidos en militares.
—¿No ves? —dijo don Fidel, pasmado con la lógica de su compadre.
Doña Francisca se volvió hacia doña Engracia, que acariciaba a Diamela.
—Disputar con estos polÃticos es para acalorarse no más —le dijo.
—Asà es, hija, ya están principiando los calores —contestó doña Engracia, que, como antes dijimos, padecÃa de sofocaciones.