MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —Digo que estas disputas acaloran —replicó doña Francisca, maldiciendo en su interior contra la estupidez de su cuñada.
—Y yo, pues, hija —añadió ésta—, que sin disputar paso el dÃa con la cabeza caliente y los pies como nieve.
Doña Francisca se puso, para calmarse, a hojear el álbum de Leonor.
Ésta se habÃa retirado con Matilde a un rincón de la pieza cuando MartÃn dejaba su sombrero en la vecina, llamada dormitorio en nuestro lenguaje familiar.
AgustÃn se adelantó hacia Rivas inmediatamente que le vio aparecer.
—No diga usted nada de lo de anoche —le dijo, antes que MartÃn entrase al salón—, en casa no saben que no nos recogimos.
Al mismo tiempo Leonor decÃa a Matilde:
—Esta noche veré si puedo vencer su discreción para que me dé más noticias de Rafael.