Martín Rivas
Martín Rivas —Escríbele —contestó con voz resuelta Leonor.
—¡Ah, no me atrevo! —exclamó Matilde.
—En tal caso, renuncia a su amor, puesto que no quieres dar el primer paso hacia la reconciliación.
Matilde se cubrió el rostro con las manos, prorrumpiendo en llanto.
—Pero, hijita —le dijo Leonor con acento más suave que el que había empleado hasta entonces, y acariciando con cariño a su prima—, te afliges sin razón. Es preciso que alguna vez tengas valor en la vida.
—¡Ah, tú hablas así porque no estás en mi lugar!
—Eso no —repuso con viveza Leonor—; yo tendré energía para cumplir mis juramentos si alguna vez los hago.
—Pero ya que a mí me falta el valor, tú podrías ayudarme.
—¿Cómo?
—Encargando a Martín de decirle lo que no me atrevo a escribir.