Martín Rivas
Martín Rivas En esta explicación de su interés por Matilde, callaba Leonor una razón tan poderosa para ella como la que acababa de aducir. Si bien era verdad que deseaba reparar el mal causado por su padre, no influía poco en su determinación el deseo de distraerse, para combatir el desconsuelo que su última conversación con Martín había dejado en su alma. Sentía tanto más imperiosamente esta necesidad cuanto que ella misma había provocado aquella conversación, que la dejaba un amargo desengaño al ver escapársele el triunfo que de antemano saboreaba su orgullo. Éste era el primer golpe que recibía su amor propio y debía naturalmente preocuparla y entristecerla. Sin renunciar a vengarse de aquella humillación de su vanidad, experimentó un ardiente deseo de ocuparse de algo, deseo propio de organizaciones vehementes como la suya, para quienes la reflexión y la calma es un martirio. Esta misma vehemencia le impedía considerar las consecuencias que el plan concertado podía tener para la reputación de su prima y para la de ella misma. —Sabes que en la Alameda nos puede ver cualquiera persona conocida y contarlo a mi papá— observó Matilde, tras una breve pausa.