MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —Es preciso, Matilde —exclamó Leonor, a quien indignaba toda señal de debilidad—, que hagas una resolución formal de adoptar alguno de los partidos que se presentan y que para mà están claramente trazados: renunciar al amor de Rafael, o ponerte con valor en situación que tu padre no pueda obligarte a que aceptes el marido que a él le plazca imponerte. Lo que acabo de aconsejarte fue suponiendo que estabas completamente decidida por Rafael; si no es asÃ, no des paso ninguno; pero olvÃdale.
—Tal vez esperando se presente ocasión de…
—Dime, ¿no has esperado más de un año?
—Es cierto.
—Y en todo este tiempo, ¿ha dado San Luis el menor paso para acercarse a ti?
—No, ninguno —contestó Matilde con un hondo suspiro—, por eso creà que me despreciaba.
—Y sin embargo te ama; pero parece que su resentimiento, o tal vez el temor, le impiden buscarte. Lo que hay de cierto es que nada avanzarás esperando. Él seguirá creyendo que le engañaste y las apariencias justificando su opinión.
—Bien lo conozco; pero temo tanto que mi papá llegue a saber…